martes, 16 de abril de 2013
Capítulo 2.
Rápidamente me meto en aquel armario vacío que hay en todas las clases. Estaba al final, justo al lado de mi sitio. Sí, este año tuve una muy buena suerte, estoy en la última fila.
Oigo como la puerta se abre. Supongo que acaba de entrar.
-Buenos días. -Dice la Mari confirmándome que estaba aquí.
-Señorita... -María toma su rol en esta broma- Brit no está... -Dice con una pequeña voz, supongo que mirando hacia mi sitio.
-¿No está? Estará enferma. -Responde la profesora.
-No puede ser, a primera hora estaba en su sitio -Miente María, a por cierto, sí, ya estamos a segundo hora.
-Está niña siempre trayendo problemas... -Empieza a quejarse la profesora- Es muy problemática, no puede seguir así -Puedo oír algunas risas de mis amigas que saben lo que va a pasar, es hora de actuar.
No dejo que la Mari siga diciendo cosas malas sobre mí, y decido salir del armario un poco asustada, me contengo de la risa y empiezo a hablar.
-Hay señorita, que estaba en Narnia! -Digo mirando a mi alrededor asustada viendo como todo el mundo empieza a reírse, y sigo con mi espectáculo- Y señorita... no está bien hablar a las espaldas de la gente, las cosas a la cara -Miro a la Mari, tiene la cara más horrible que había visto nunca, es una mezcla de sonrisa, con enfado, con fastidio.
-Pero vamos a ver! Brittany! Es que no tienes vergüenza!
-¿Vergüenza? ¿Vergüenza de qué? ¿De haberme ido a Narnia? No se crea que fui porque quería! Alan me llamó y me arrastró hasta ahí... que te lo diga Alba! Que estaba conmigo pero consiguió escapar.
-Dice la verdad señorita -Responde Alba seria, me sorprende lo bien que aguanta la risa.
La profesora hizo lo que había planeado, se acercó al armario y abrió la puerta, y sin previo aviso, me descojoné viva. Le gente me miraba extrañada excepto María, Alba y Jess que me entendían.
Cuando la profesora se giró, la gente entendió porque me reía, y es que antes de salir, coloqué una pequeña bomba, por así decirlo, que te lanza un polvo blanco a la cara, y la profesora tenía toda la cara llena de un polvo blanco.
-VETE AL DESPACHO DEL DIRECTOR AHORA MISMO! -Me chilló enfurecida.
-Señorita, como usted dice, el silencio es salud -Una frase que nos repite todos los días- No chille por favor, no vaya a ser que se muera antes.
-LARGO.
-¿Qué es largo? ¿Su nariz? -De nuevo la clase se reía a más no poder, ¿qué? es verdad... tiene una nariz muy larga...
-QUE TE VAYAS DE AQUÍ DE UNA PUÑETERA VEZ! -Esta vez sí que estaba bastante, bueno, muuuy enfadada, así que me fui.
-Sayonara desu Mari-sensei -Dije haciendo una reverencia como los japoneses, os lo traduzco, adiós profesora Mari.
-NO! -Jess se pone en pie- NO! No me parece justo que usted, señorita, mande al despacho del director a una alumna que solo quería hacer unas risas.
-Es verdad -Dice María poniéndose de pie también- Si la manda a ella al despacho del Director, pues a mí también.
-Y a mi! -Alba les sigue el rollo poniéndose de pie.
Me quedé asombrada por su acto, pero lo más asombroso fue que, poco a poco, toda la clase se puso en pie. La profesora se enfureció, no nos podía mandar a todos al despacho del Director.
-Sabes qué... -Empezó a hablar la profesora...- Yo de pequeña era como tú. Me encantaba hacerle bromas a los profesores, hasta que un día me di cuenta de que ellos también tienen una vida, y les molesta mucho las tonterías de sus alumnos. Me hice profesora porque tenía una deuda con todos los profesores, y, ahora que soy profesora... lo veo muy difícil, tener que aguantar tus bromas todos los días se me hace imposible. Prométeme, que no me harás ninguna broma más -Me quedé sorprendida, ¿en serio?
-Se lo prometo -Le digo intentando mentir lo mejor que puedo y ser seria.
-Así me gusta, vas por el buen camino jovencita.
La profesora se gira, yo le guiño el ojo a toda la clase, pero ellos no me responden sonrientes, la profesora se acerca su mesa para sentarse, Alba me hace señales de que pasa algo, miro a la profesora, y sobre su silla puedo ver una chincheta puesta a propósito para que se siente encima. Oh no. Si se sienta pensará que he sido yo y sabrá que mentía cuando se lo dije.
-SEÑORITA, ESPERE! -Chillo.
Pero demasiado tarde...
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